En el portal Renuevo de Plenitud encontré esta reflexión, la cual quiero compartir con ustedes. En nuestro diario vivir nos olvidamos de ser juiciosos al emitir una palabra, como responder, que decir; y sobre todo, cuando y cómo decirlo. Sin embargo, podemos aprender a ponernos frenos y ser cautelosos, porque bien dice el proverbio: “Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”.
| Mide tu lengua |
| Domingo 11 de Enero de 2009 No hay dudas de que todos hemos oído alguna vez la frase: Hablas tan fuerte que no puedo escucharte. Un viejo poema confirma que el buen consejo de medir tu lengua ha sido dado prácticamente por toda cultura, raza o tribu.
La invertebrada lengua, tan pequeña y débil, puede destruir y matar, declaran los griegos. La lengua destruye las más grandes hordas, afirman los turcos, como una espada. El proverbio persa dice con sabiduría: ¡Lengua larga, muerte temprana!. O a veces usan esta versión: No dejes que tu lengua corte tu cabeza. La lengua puede pronunciar una palabra cuya velocidad excede el límite, dicen chinos. Los árabes dicen: El almacén de la lengua es el corazón. De los hebreos viene la máxima expresión: Los pies pueden patinarse, pero la lengua nunca debe hacerse. El sagrado escritor corona a todos: El que guarda su lengua guarda su alma. La solución a la cartera armamentista… a las elevadas tazas de criminalidad, abuso y divorcio… puede muy bien yacer… en la lengua. Las palabras de un padre son como un termostato que establece la temperatura en un hogar. Proverbios 18:21 Fuente: El libro devocionario de Dios para Papás, editorial Unilit |




























